Desde su creación, el laboratorio ha sido el ámbito donde estudiantes de Ingeniería y de Licenciatura en Sistemas desarrollan sus proyectos finales, ya sea impulsando emprendimientos propios o resolviendo necesidades del sector productivo.
"El laboratorio de ORT Software Factory ha sido el ámbito fundamental en el cual se han llevado adelante decenas de proyectos de grado de la Licenciatura en Sistemas y de Ingeniería en Sistemas. También ha permitido a los estudiantes desarrollar sus propias ideas, iniciar startups y trabajar en proyectos para empresas", cuenta el decano, Eduardo Mangarelli.
El cambio de nombre acompaña una evolución que busca reforzar ese modelo de formación. "Con el cambio hacia el Laboratorio de Proyectos Aplicados buscamos una renovación que trae consigo un mayor acercamiento a las empresas, una mejora en el proceso de acompañamiento a los estudiantes en la definición y desarrollo de sus ideas y, fundamentalmente, continuar desarrollando un ámbito de aprendizaje vinculado al mundo real".
Aprender antes de graduarse
La nueva coordinadora del laboratorio, Amalia Álvarez, conoce ese espacio desde hace más de dos décadas. Hoy asume la coordinación con el objetivo de seguir fortaleciendo una experiencia que considera central en la formación de los estudiantes.
"Siempre me apasionó acompañar a los estudiantes en la etapa final de sus proyectos. Tener ahora la oportunidad de liderar el laboratorio es, de alguna manera, cerrar un camino en el que fui ocupando distintos roles. Es un orgullo y un honor asumir este desafío".
Para Álvarez, el principal valor del laboratorio está en acercar a los estudiantes al ejercicio profesional antes de graduarse.
El desafío es que tengan la mejor experiencia posible antes de comenzar su vida profesional. Queremos que trabajen con clientes reales, necesidades reales y conozcan ámbitos a los que muchas veces no acceden durante la carrera.
Esa experiencia supone enfrentarse a situaciones que forman parte del trabajo cotidiano de cualquier equipo de desarrollo. "Ya no se trata de una consigna completamente pautada. Los estudiantes trabajan con un cliente, gestionan expectativas, resuelven problemas en equipo y aprenden a adaptarse cuando aparecen cambios o imprevistos".

Proyectos con distintos puntos de partida
Los proyectos pueden surgir de emprendimientos impulsados por los propios estudiantes, de desafíos presentados por empresas e instituciones a través de la Feria de Proyectos o de propuestas vinculadas con organizaciones donde los estudiantes ya trabajan.
"Siempre explicamos a las empresas que se trata de un proyecto académico. Los estudiantes están aprendiendo y el proyecto puede cambiar durante el proceso. Lo importante es que el desafío les permita desarrollar las competencias que necesitarán cuando comiencen a trabajar", explica Álvarez.
Un vínculo que beneficia a estudiantes y organizaciones
Para que esa experiencia sea posible, la facultad impulsa una convocatoria dirigida a empresas, organismos públicos, organizaciones sociales y emprendimientos interesados en presentar desafíos tecnológicos.
Según explica Sara Goldberg, coordinadora de Proyectos Especiales, la iniciativa busca fortalecer el vínculo entre la universidad y el medio. "Queremos generar un ida y vuelta entre los conocimientos que desarrollan estudiantes y docentes y las necesidades de las empresas, las organizaciones sociales y el sector público".
Las propuestas deben representar desafíos que permitan aplicar los conocimientos adquiridos durante la carrera.
Buscamos proyectos innovadores donde los estudiantes puedan demostrar lo aprendido y aportar soluciones concretas a las organizaciones.
Una convocatoria abierta a distintos sectores
Como explica Goldberg, "la convocatoria está abierta a empresas de cualquier tamaño, organismos públicos, organizaciones sociales, emprendimientos e instituciones que tengan un desafío susceptible de resolverse mediante tecnología".
"No importa si es una empresa tecnológica o no. Lo importante es que exista un desafío que pueda abordarse a través de la aplicación de tecnología".
Sin embargo, no todas las propuestas son adecuadas para un proyecto de grado. "Como se trata de proyectos desarrollados por estudiantes, no pueden estar asociados a procesos críticos de una organización. Tampoco buscamos desarrollos rutinarios, como crear un sitio web o automatizar una planilla de cálculo. Priorizamos nuevos productos, servicios o iniciativas que las organizaciones todavía no han podido desarrollar".
Para Álvarez, definir esas condiciones desde el inicio permite alinear las expectativas entre los estudiantes y las organizaciones.
"Siempre conversamos con las empresas para que comprendan que se trata de un proyecto académico. Los estudiantes tienen tiempos y compromisos propios de la carrera. Lo importante es que el proyecto les permita aprender y enfrentarse a situaciones similares a las que encontrarán cuando comiencen a ejercer".

Trabajar con clientes también forma parte del aprendizaje
A lo largo del proyecto, los estudiantes no solo desarrollan una solución tecnológica, sino que también aprenden a construir una relación de trabajo con la organización que plantea el desafío.
Deben comprender sus necesidades, gestionar expectativas y adaptarse cuando cambian las condiciones iniciales. "Uno de los primeros desafíos es generar confianza. Mostrar resultados tempranos ayuda a que el cliente vea el avance del proyecto y se involucre en el proceso".
Como muchos proyectos se desarrollan durante aproximadamente un año, las prioridades de las organizaciones pueden modificarse.
"A veces una empresa cambia sus objetivos o aparecen nuevas prioridades. Eso también forma parte del aprendizaje. Lo que más me sorprende es la capacidad que tienen los estudiantes para adaptarse y encontrar alternativas cuando surgen dificultades", dice Álvarez.
"No es una consultoría ni un desarrollo comercial. Es un proyecto académico, pero con un fuerte acompañamiento docente que permite alcanzar resultados de calidad", explica Goldberg.
La vinculación con el medio permite que el conocimiento generado en la universidad tenga un impacto fuera del aula. Es una forma de aportar al sector productivo, a las instituciones y a la sociedad, mientras los estudiantes aprenden resolviendo desafíos concretos.
Mirando hacia adelante
Álvarez considera que el laboratorio todavía tiene un amplio margen para seguir creciendo. Entre los próximos objetivos menciona fortalecer el trabajo con empresas, organismos públicos, centros de investigación y organizaciones sociales para ampliar las oportunidades de aprendizaje de los estudiantes.
Recuerda especialmente un proyecto desarrollado junto a Aldeas Infantiles, en el que un equipo creó un videojuego para acompañar a jóvenes en el proceso de independizarse al cumplir la mayoría de edad.
Cuando los estudiantes descubren que el trabajo realizado durante un año termina ayudando a otras personas, la experiencia adquiere otro significado.
Ese es también el propósito que, para Mangarelli, resume el sentido del nuevo nombre.
Queremos continuar desarrollando un ámbito en el que la experiencia de aprendizaje esté vinculada al mundo real y permita consolidar los conocimientos y habilidades que los estudiantes construyen a lo largo de toda la carrera.
La iniciativa se vincula con el ODS 9: Industria, innovación e infraestructura de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que promueve la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación como motores del desarrollo sostenible.