“La inteligencia artificial no solo amplifica las capacidades ofensivas, por ejemplo, mediante ataques más automatizados, adaptativos y difíciles de detectar, sino que también redefine los modelos de defensa tradicionales al permitir análisis predictivos, detección de anomalías en tiempo real y respuestas automatizadas a incidentes”, explicó Kornecki.
De la prevención a la resiliencia
Uno de los consensos que atravesó las distintas charlas del evento fue el cambio de enfoque: la ciberseguridad ya no persigue una prevención absoluta, sino la construcción de sistemas resilientes.
“En un contexto donde los sistemas basados en IA aumentan la complejidad y la interdependencia tecnológica, se consolida la idea de que los fallos y ataques son inevitables. Por eso cobra relevancia el estudio de arquitecturas resilientes, la gobernanza de incidentes, la continuidad operativa y la recuperación, especialmente en infraestructuras críticas”, señaló Ethel.
Este giro conceptual impacta tanto en el diseño de sistemas como en la formación de profesionales, que deben estar preparados para gestionar crisis y recuperarse de incidentes complejos.
Infraestructuras críticas y riesgos sistémicos
Las discusiones sobre ciberseguridad en transporte, energía, puertos y ciudades inteligentes dejaron aprendizajes especialmente relevantes para países como Uruguay. Según Kornecki, uno de los principales es adoptar una mirada sistémica del riesgo.
“Las infraestructuras críticas funcionan como ecosistemas interconectados: una falla en un proveedor, en un sistema OT o en una plataforma digital puede generar efectos en cascada. Para países como Uruguay, esto refuerza la importancia de mapear dependencias críticas y cadenas de suministro tecnológicas".
También destacó la necesidad de integrar ciberseguridad y continuidad operativa:
La pregunta central ya no es solo cómo evitar incidentes, sino cómo garantizar la prestación de servicios esenciales bajo condiciones adversas.
El modelo israelí y lo replicable
Israel fue presentado durante el evento como una superpotencia global en ciberseguridad. Para Kornecki, su liderazgo se explica por la articulación temprana y sostenida entre defensa, academia e industria.
“La ciberseguridad se consolidó como un campo estratégico donde la investigación académica, la formación avanzada y la aplicación práctica evolucionan de manera coordinada, permitiendo una rápida transferencia de conocimiento al sector civil”, sostuvo.
Desde una perspectiva comparativa, remarcó que lo replicable para países como Uruguay no es el modelo completo, sino ciertos principios estructurales: fortalecer la investigación aplicada, promover la interdisciplinariedad y profundizar los vínculos entre universidad, industria y Estado.

El rol clave de las universidades
La colaboración internacional entre gobiernos, industria y academia fue otro eje transversal del programa. En ese entramado, las universidades cumplen un rol central como generadoras de conocimiento confiable y transferible.
La academia actúa como espacio de reflexión crítica y validación científica, en un contexto donde la tecnología avanza más rápido que los marcos normativos y las prácticas organizacionales.
Desde el punto de vista formativo, esto abre oportunidades para currículas interdisciplinarias que integren informática, ingeniería, derecho, políticas públicas y gestión de riesgos, así como para proyectos internacionales y experiencias de aprendizaje basadas en problemas reales
Un campo cada vez más socio-técnico
En conjunto, los debates abordados durante el evento reflejan una transición conceptual profunda en el campo de la ciberseguridad.
“La ciberseguridad deja de ser un problema puramente técnico y se consolida como un campo socio-técnico, donde la inteligencia artificial actúa como catalizador de nuevos riesgos, pero también de nuevas capacidades defensivas y marcos teóricos”, sintetizó Kornecki.
Un enfoque que refuerza el rol estratégico de la academia en la formación de profesionales capaces de comprender y gestionar la complejidad creciente de los ecosistemas digitales.