Durante la conversación, compartió escenario con Víctor Valle, CEO de Google Argentina, y el gerente de Innovación de Antel, Marcelo Abreu. El intercambio giró en torno a cómo las personas, las organizaciones y la academia enfrentan contextos de cambio acelerado e incertidumbre.
Betancor destacó que convivir con la incertidumbre forma parte esencial del trabajo científico y del proceso de innovación.
“Es lo que nos permite formular nuevas preguntas, avanzar en la investigación y empujar las barreras del conocimiento”.
Además, explicó que el camino científico está marcado por hipótesis, errores y reformulaciones constantes.
El fracaso como parte del proceso
En ese sentido, sostuvo que la investigación implica convivir constantemente con el error y comentó que suele transmitirles a los estudiantes que “de los cinco días de la semana, cuatro y medio van a ser fracasos”.
Según explicó, gran parte del trabajo científico consiste justamente en atravesar intentos que no conducen al resultado esperado, pero es esa acumulación de errores, validaciones y reformulaciones la que permite avanzar en el conocimiento y desarrollar nuevas soluciones.
La catedrática destacó además que la investigación científica enseña humildad, porque muchas veces la evidencia demuestra que las ideas iniciales eran incorrectas.
A su entender, aceptar la incertidumbre es fundamental no solo para la investigación básica, sino también para la innovación y el desarrollo de tecnologías profundas, como nuevos fármacos, terapias o dispositivos médicos, donde existen largas etapas de duda antes de alcanzar un resultado concreto.

Biotecnología e inteligencia artificial
Betancor también se refirió al impacto que tendrá la integración entre biotecnología e inteligencia artificial en áreas como la salud, el agro y el medioambiente.
Según explicó, hoy existen tendencias vinculadas al codesarrollo de terapias y al uso de inteligencia artificial para integrar grandes volúmenes de información biomédica.
Asimismo, señaló que estas herramientas están transformando la forma en que se desarrolla la investigación científica, ya que permiten optimizar experimentos, acelerar procesos y reducir significativamente los tiempos entre la formulación de una idea y su validación científica.
En ese sentido, ejemplificó que antes un investigador podía necesitar realizar miles de experimentos para validar una hipótesis, mientras que hoy la inteligencia artificial permite identificar cuáles son los caminos más prometedores y reducir la cantidad de pruebas necesarias para llegar a una conclusión.
Esto no elimina la creatividad científica, sino que genera tiempo para enfocarse en nuevas preguntas, interpretaciones y desarrollos.
Destacó que la Facultad de Ingeniería trabaja activamente en integrar inteligencia artificial a la formación académica y mencionó particularmente el desarrollo de propuestas vinculadas a Bioinformática.
Explicó que la inteligencia artificial permite acelerar procesos científicos, optimizar experimentos y generar modelos predictivos capaces de analizar grandes volúmenes de información biomédica.

El rol docente frente a la IA
Otro de los temas abordados fue cómo cambia la educación con la expansión de la inteligencia artificial generativa.
Betancor señaló que, desde febrero de 2023, la Universidad ORT Uruguay viene desarrollando talleres con el objetivo de actualizar a los docentes en nuevas metodologías y mejorar la experiencia de aprendizaje de los estudiantes.
“El docente debe enseñar a discernir la información importante, a formular las preguntas adecuadas y a entender la inteligencia artificial como una herramienta que potencia la creatividad”.
Asimismo, resalta que los docentes de generaciones anteriores pueden aportar una gran riqueza al rescatar las ventajas de los formatos de aprendizaje tradicionales y combinarlos con las nuevas herramientas para mejorar la formación de los futuros profesionales.